lunes, 19 de noviembre de 2007

Pentagrama

El Hombre Viento - Una playa sin comentas.

¿Quién se cree capaz de vivir sin música?


Una vez me senté a esperarte en el escalón de un portal, llevaba los auriculares puestos y a través de ellos, hacia mi cabeza, fluía jazz, la de Sumertime de Sara Vaughan, y ese tipo de música que no cura pero calma y a la que me agarro constantemente para no perderme entre la gente.

No hacía frío, pero tampoco excesivo calor, era uno de esos días en los que el sol brilla pero no calienta con tanta fuerza como luce, y yo allí sentada, camuflada a ras de suelo, en el escalón del portal, empezaba a notar una fría brisa sobre mi cara.

Me acurruqué cuanto pude; veía rebaños inmensos de gente pasar ante mis ojos, con gestos diversos en sus caras pero nadie me transmitía nada, todos corrían en distintas direcciones, algunos se saludaban entre ellos rápido, casi sin decir nada, reanudando su marcha incansable hacia algún lugar, quizá, hacia el lugar que yo hacía tiempo me había cansado de buscar. Yo los miraba desde el suelo, lo único que podía llegar a sentir por aquella gente era asombro, admirando como no se cansaban de andar, buscar, correr… en cambio yo seguía mecida por la música que sonaba en mi interior, te esperaba, sola, sentada tan cerca del suelo que los tacones de las señoras airadas resonaban en mi cabeza y por un momento perdía la melodía que me susurraban desde los auriculares.

Y de repente te vi entre la gente, eras uno más, caminabas con paso rápido esquivando hábilmente a los ancianos con carrito de la compra o a los niños que se despistaban y correteaban alejándose de la mano de sus padres. Caminabas en la dirección en la que yo estaba pero no me veías, tú también ibas abstraído, aislado, como toda esa gente o como yo en el portal. Tú presencia me hacia más grande pero a la vez más pequeñita e insignificante en aquel escalón.

Pasaste cerca y te llamé, pero seguiste andando, y eso hizo que mi tamaño se hiciera equiparable con el de una mota de polvo, pero la fe era fuerte y te volví a llamar, incluso estiré las puntas de mis dedos y te rocé con ellos, entonces si te volviste, me viste y me sonreíste, tú también escuchabas la música, tú también la sentías. Pero yo estaba sentada en el portal y tú tenías que seguir andando hacia algún sitio como el resto de la gente, a ti nadie te había quitado el tiempo y debías seguir. Yo ya lo sabía, y te vi marchar, sumergirte entre la gente. Al principio no quise seguirte con la mirada, pero enseguida volví a buscarte, con el miedo de perderte entre la masa de piernas y zapatos, entre las gabardinas y los tacones, entre los carritos de la compra y las mochilas…y te volví a ver, mientras tú te volvías a mirarme… no lo sé, algo se cruzó, creo que la cabeza de alguien demasiado alto, o el balón de algún crío, o simplemente que mis ojos, algo cansados, me jugaron una mala pasada. El caso es que no te volví a ver más, nunca más.

En mi retina había quedado ese momento por el que había esperado, no me habías levantado del cada vez más frío escalón del portal, pero yo tampoco te lo había pedido. Ya no sé lo que esperaba, lo que buscaba entre la gente, sabía que no te volvería a ver y te habías llevado, sin saberlo, el poco tiempo que me quedaba, entonces, aunque ya no esperase nada, tampoco tenía un motivo por el que levantarme del portal. Además, seguía sonando la música. Así que me acurruqué aun más, invisible ante los ojos de cualquiera, subí el volumen y cerré los ojos, ahora me tocaba esperarme a mí misma.

2 comentarios:

Rose dijo...

Hola, cuentista!! Lo primero, perdón por no haberte contestado hasta ahora, pero es que mi vida es un pelín complicada. Lo segundo, no sólo no me molesta que pongas un enlace en tu blog al mío, sino que me halaga... muchas gracias. Tienes un buen blog. Sigue así y no seas como yo, jeje... (Un desastre, quiero decir)Yo también pongo un enlace al tuyo en el mío.
Nos leemos.

Anónimo dijo...

Un boli sin tinta...parece un sinsentido, pero no: sólo un boli sin tinta es capaz de expresar todo los sentimientos, (esas cosas que nos pasan por la cabeza estúpidas o no) porque no está atado a la materialidad...Lo que no logro imaginarte es sin música; yo creo que podría ser un sinónimo de tu nombre, o por lo menos la otra cara de una moneda que por un lado llevara tu imagen. Es genial, porque además la compartes y me haces capaz de cruzar horizontes que nunca saltaría de otra manera...Gracias; por eso y por tus cuentos, porque me permiten pensar que mi "mundo de yupi" puede existir aunque sólo sea en mi cabeza...